La realización de nuestro potencial
"¿Cuál es el primer deber de todo ser humano?
La respuesta es muy breve: ser uno mismo"
Henrik Johan Ibsen
Si el deber primordial de todo ser humano es “ser uno mismo”, es relevante reflexionar acerca de qué implica este concepto, es decir, cuál es el profundo significado de este mandato universal. También cabría preguntarse ¿se puede no ser uno mismo? Ante esta pregunta alguien podría responder: yo soy yo ¿qué otra cosa podría ser? Como se ve, ante este planteo de ser o de llegar a ser uno mismo, pueden surgir diferentes puntos de vista.
Píndaro, uno de los poetas y escritores más relevantes de la antigua Grecia, fue uno de los primeros en plantearnos el desafío de: “Llega a ser lo que eres”. Muchos siglos después, el filósofo danés Soren Kierkegaard, considerado el padre del existencialismo, realiza un planteo similar y afirma que lo más importante en nuestro existir es: “Ser la persona que uno realmente es”.
En el mismo sentido, años más tarde, Frederick Nietzsche sostuvo que en la vida de las personas “Ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo”. Y en otro de sus escritos lanza lo que puede considerarse un desafío existencial para todo ser humano, y nos dice: “Sigue tu camino y deviene en quien tú eres”.
Esta última frase, a mi entender, aclara y pone en perspectiva la convocatoria a “ser uno mismo”, ya que Nietzsche lo plantea como una opción de vida, como un posible camino a elegir y a recorrer en nuestro existir, como un devenir que deberemos transitar con el objetivo de llegar a ser quien realmente somos, aunque todavía no lo estemos siendo.
Desde esta mirada el devenir humano se vincula con el compromiso vital del despliegue de la propia potencialidad y con la profunda convicción de que en el proceso de desarrollo y evolución personal vamos deviniendo en aquello que verdaderamente somos. Que nuestro objetivo de autorrealización como personas es un proceso evolutivo de ir siendo la mejor versión de uno mismo. Proceso en el cual nos conectamos con nuestra auténtica naturaleza y asumimos la responsabilidad de llegar a ser todo aquello que podemos ser y que en esencia ya somos.
Este es el gran desafío al que nos enfrentamos los seres humanos y, tal vez si lo logramos, o al menos si lo intentamos con toda nuestra pasión y compromiso, nuestra vida habrá tenido sentido. Al decir de Ortega y Gasset: “Camina lento, no te apresures, que a donde tienes que llegar es a ti mismo”.